PAJARO FLOODS


Dos meses después de asumir el cargo, la comunidad de Pájaro se inundó. Si bien los recursos estatales y federales fluyeron durante las siguientes semanas y meses, casi 3000 personas se quedaron sin hogar de inmediato, muchas de ellas perdiendo posesiones irremplazables de la noche a la mañana.
Durante los primeros meses, la ayuda llegó a través de los canales tradicionales de emergencia de la Oficina de Gestión de Emergencias de California y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias. Esta asistencia fue esencial, pero pronto se hizo evidente que no sería suficiente para abordar la magnitud total de los daños en esta comunidad, abandonada durante tanto tiempo.
Pájaro enfrentó crisis superpuestas: familias desplazadas, pequeños negocios que no pudieron reabrir e infraestructura dañada. Sin embargo, la ayuda recibida se diseñó para una ayuda de emergencia a corto plazo, no para la recuperación ni la reinversión. El riesgo era que Pájaro se estabilizara lo suficiente como para volver a caer en el olvido.
Afortunadamente, el Estado proporcionó $20 millones en fondos para la recuperación. El enfoque habitual habría sido una asignación de arriba hacia abajo, determinada por un pequeño número de audiencias públicas y recomendaciones del personal. En cambio, quise probar algo diferente: involucrar directamente a la comunidad y confiar en la gente de Pájaro para que ayudara a determinar cómo se debían utilizar esos recursos.
Durante los meses siguientes, organizamos más de una docena de reuniones comunitarias, muchas con más de 200 residentes cada una. No fueron reuniones informativas, sino sesiones de trabajo. Los residentes discutieron necesidades, debatieron prioridades, propusieron proyectos y sopesaron la ayuda inmediata frente a la inversión a largo plazo. Trabajadores agrícolas, inquilinos, propietarios de viviendas, líderes de organizaciones sin fines de lucro y dueños de negocios participaron. En la reunión final, la comunidad votó.
Se decidió dividir $10 millones para asistencia directa en alimentos, objetos perdidos y otras ayudas individuales. Los $10 millones restantes se destinaron a proyectos comunitarios, desde capacitación en liderazgo hasta obras de embellecimiento, como el mural en la calle Salinas. Se asignaron fondos para alumbrado público, aceras, una nueva cancha de fútbol en el Parque Pájaro y otras necesidades de infraestructura. La comunidad empresarial también recibió reembolsos por daños y mejoras de infraestructura.
Ese proceso requirió tiempo y confianza, pero dio lugar a mejores decisiones y un sentido de pertenencia. La recuperación de Pájaro fue moldeada por sus habitantes, no dictada desde lejos. Sigue siendo uno de los ejemplos más claros que he visto de lo que sucede cuando el gobierno escucha, empodera y colabora con la comunidad a la que sirve.
